Miguel Palacio, historiador y periodista, Centro de Estudios Políticos, Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de Rusia
RIA Novosti
América Latina se enfoca por tradición como zona de influencia de la Iglesia Católica Romana, hasta la llaman “la principal diócesis del Vaticano”, y con fundamento: uno de cada dos católicos del planeta es latinoamericano. Pero sería erróneo creer que los habitantes del continente meridional del Nuevo Mundo sean adeptos de una misma confesión. Los caracteriza la tolerancia religiosa, la que se les inculca desde infancia, en la familia y la escuela. El latinoamericano representativo es un creyente sincero, para quien la fe es un concepto universal. Tal posición, propia de la sociedad y las autoridades, contribuye a la propagación de diversas confesiones cristianas en los países de América Latina, incluida la ortodoxa.
Como los principales portadores de la creencia ortodoxa en el continente actuaron los rusos que por las veleidades de la suerte tuvieron que abandonar su patria. Los primeros emigrados rusos se vieron allende el océano en la década del 60 del siglo XIX y se instalaron en la Argentina, Uruguay y Brasil. En 1887, los “argentinos rusos” se dirigieron al emperador Alejandro III, solicitando construir un templo en la tierra argentina. El emperador atendió la petición de ellos, y el 1de enero de 1889 en Buenos Aires se bendijo con agua santificada la primera iglesia ortodoxa en el continente latinoamericano. Poco después, templos ortodoxos se construyeron también en otros países de la región. Tras la Revolución rusa de 1917, todos esos templos se supeditaron a la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exilio.
