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Los cristianos ortodoxos de América Latina se orientan siempre más a la Iglesia Rusa

Posted by Kris Roman on August 15, 2008

Miguel Palacio, historiador y periodista, Centro de Estudios Políticos, Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de Rusia

RIA Novosti

América Latina se enfoca por tradición como zona de influencia de la Iglesia Católica Romana, hasta la llaman “la principal diócesis del Vaticano”, y con fundamento: uno de cada dos católicos del planeta es latinoamericano. Pero sería erróneo creer que los habitantes del continente meridional del Nuevo Mundo sean adeptos de una misma confesión. Los caracteriza la tolerancia religiosa, la que se les inculca desde infancia, en la familia y la escuela. El latinoamericano representativo es un creyente sincero, para quien la fe es un concepto universal. Tal posición, propia de la sociedad y las autoridades, contribuye a la propagación de diversas confesiones cristianas en los países de América Latina, incluida la ortodoxa.

Como los principales portadores de la creencia ortodoxa en el continente actuaron los rusos que por las veleidades de la suerte tuvieron que abandonar su patria. Los primeros emigrados rusos se vieron allende el océano en la década del 60 del siglo XIX y se instalaron en la Argentina, Uruguay y Brasil. En 1887, los “argentinos rusos” se dirigieron al emperador Alejandro III, solicitando construir un templo en la tierra argentina. El emperador atendió la petición de ellos, y el 1de enero de 1889 en Buenos Aires se bendijo con agua santificada la primera iglesia ortodoxa en el continente latinoamericano. Poco después, templos ortodoxos se construyeron también en otros países de la región. Tras la Revolución rusa de 1917, todos esos templos se supeditaron a la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exilio.

Desde mediados del siglo XX, el Patriarcado de Moscú empezó a abrir sus templos en varios países de América Latina. En esas iglesias encuentran auxilio espiritual muchos oriundos de Europa del Este y del Sur y de Oriente Próximo. Como centro de la comunidad ortodoxa en América Latina se impuso la Argentina, donde reside la más numerosa diáspora rusa. En Buenos Aires se encuentra la cátedra del prelado de la Diócesis de América del Sur de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Como tal se desempeña desde hace años Platón (Udovenko), metropolita de la Argentina y América del Sur.

En Colombia, país famoso por sus añejas y bien arraigadas tradiciones democráticas en América del Sur, con economía en impetuoso desarrollo y rica cultura, la presencia de la fe ortodoxa era insignificante hasta hace poco. Los adeptos de esta confesión son menos de cinco mil, siendo la población del país de 44 millones. Ellos provienen en su mayoría de la clase media: son profesores de universidades, empleados o ingenieros.

Los colombianos pudieron tomar conocimiento con la fe ortodoxa gracias a los griegos. La comunidad local de éstos fundó en 1967 la primera parroquia ortodoxa en Bogotá. Aquel mismo año, Christos Arvanitis, un griego adinerado con residencia fija en la capital de Colombia, construyó una iglesia ortodoxa en homenaje a sus padres difuntos, la cual se bendijo con agua santificada el 15 de agosto de 1967, día de la Asunción de la Virgen. Es un edificio de ladrillo, no muy grande, con cúpula azul de estilo bizantino, que se ubica en el prestigioso bario septentrional de Bogotá. Su superior es el padre Miguel, o Mijaíl, un colombiano que hizo estudios en Grecia. El oficio divino se administra en griego y español. Entre los parroquianos una mitad son colombianos (criollos, indios y mulatos), y el resto, griegos, libaneses, serbios, rumanos, ucranios, búlgaros, rusos y hasta estadounidenses. Durante la celebración de las principales fiestas cristianas: la Navidad y la Pascua, en la iglesia se reúnen hasta dos mil personas. El único templo ortodoxo de Colombia se encuentra bajo jurisdicción de la Metropolía Panameña del Patriarcado de Constantinopla, con centro en la Ciudad de México (México).

Los griegos desarrollan una enérgica actividad como misioneros. Por ejemplo, visitan con regularidad el poblado de Jesús María, en el departamento de Santander, donde la mayoría de los habitantes son cristianos ortodoxos. En ese lugar apartado hasta hay una capilla ortodoxa. Se dedica mucha atención a la labor social y de caridad.

Los sacerdotes ortodoxos hacen un sustancial aporte a la lucha contra la drogadicción y las sectas, problemas que no pierden su actualidad para Colombia, lamentablemente. Conviene señalar un hecho curioso: la mayoría de los colombianos étnicos que abrazaron la fe ortodoxa son ex miembros de unas sectas.

Los rusos ortodoxos son poco numerosos en Colombia. En el país, igual que en toda América Latina, llaman rusos a los oriundos de todas las repúblicas de la desaparecida Unión Soviética. La iglesia griega de Bogotá la frecuentan las mujeres rusas que ya en la época soviética se casaron con colombianos, así como diplomáticos y trabajadores de las compañías rusas. “Durante los oficios divinos, por ejemplo, en la Pascua, se reúnen no más de 60 rusos, incluidos bebés y creyentes de otras confesiones que llegan al templo como acompañantes. Después de cada oficio dominical se organiza un banquete, porque siempre se encuentra alguien que tiene motivo para convidar a huéspedes”, refieren unos representantes de la diáspora rusa en Bogotá.

En Cúcuta, cerca de la frontera con Venezuela, la única mujer rusa que vive en esa ciudad abrió en el año 2000 la parroquia de San Demetrio del Don (la mayoría de sus feligreses son los cristianos ortodoxos residentes en Venezuela). Muchas familias rusas y ruso-colombianas, dispersas por toda Colombia, al faltar parroquias en sus lugares de residencia, se ven obligadas a organizar oficios divinos en sus casas. A Bogotá llega varias veces al año del Panamá limítrofe el sacerdote Alexandr Gorbunov, superior de la parroquia del Manto de la Virgen. Otros sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa Rusa tampoco olvidan el rebaño colombiano. Sus visitas son una auténtica fiesta para los creyentes. Ellos administran el oficio divino en lengua eslava eclesiástica. En Colombia también funciona una parroquia de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exilio.

El encuentro entre el Patriarca de Moscú y toda Rusia, Alexis II, y el vicepresidente de Colombia, Francisco Santos Calderón, que se celebró a comienzos de junio de este año en Moscú, fue el primer paso importante dado para establecer contactos más estrechos entre la Iglesia Rusa y Colombia. “Nuestro país es muy conservador y muy religioso. La Iglesia contribuye a recuperar la paz en Colombia, la que vivió decenios de violencia, y también toma parte activa en la solución de problemas nacionales, por ejemplo, el de narcotráfico”, dijo en aquella ocasión Francisco Santos Calderón. Conviene señalar un detalle significativo de aquel encuentro: al saludar al Patriarca, Santos pidió su bendición como un cristiano ortodoxo.

Los creyentes ortodoxos de Colombia los últimos años plantean con siempre mayor frecuencia la necesidad de construir su propia catedral, la que, en opinión de ellos, debe ser propiedad canónica de la Iglesia Ortodoxa Rusa. “Rusia es el principal país ortodoxo del mundo, un país de profundas tradiciones religiosas. Le cupo en sino la misión de llevar la luz de la fe ortodoxa por todo el globo terráqueo”, así explican los miembros de la multinacional comunidad ortodoxa de Colombia su apego a la Iglesia Rusa.

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